miércoles, 28 de septiembre de 2011

DE DOBLE VIA

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Camino,
largo y angosto
que me retorna a la Nada
La Nada, mi morada, el Principio

Camino,
largo y angosto
de verdes pastos rodeado,
y frondosos arboles otoñales

Camino,
largo y angosto
de doble vía, que me lleva
de la Nada a la vida

miércoles, 21 de septiembre de 2011

TRADICION EXTRAVAGANTE

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Siempre me llamó la atención el nombre tan  peculiar de aquél pariente que con frecuencia nos visitaba. A mi corta edad, su nombre me sonaba más al de una mujer, que al de un hombre fuerte y varonil como era, tío Hylas.

Con los años fui conociendo a otros parientes: Príamo, Hérmogenes, Ulises, Néstor, Fidias, Priscila y Ariadna.  Al llegar a la secundaria, no tarde mucho tiempo en atar cabos y preguntarme, ¿cómo es que todos mis parientes por parte de padre tienen nombres grecorromanos?  Para colmo mi padre se llamaba Aquíles Cesar, mi tía Cleopatra y mi abuela Ambrosia.

Cuando pregunté sobre esta extraña coincidencia, mi padre me comentó que era una tradición de familia que  empezó con su tatarabuelo que se llamaba Hylas, como el personaje de la mitología griega, hombre apuesto, atrevido y aventurero  quien dejó una  númerosa descendencia.

Fue fascinante conocer ésta tradición familiar y, sobre todo me sorprendíó, cómo en un remoto y pequeño pueblo de una isla caribeña ubicada entre el mar y el cielo, una familia tuvo la osadía de poner a sus hijos nombres poco convencionales y antiguos.

Intrigada por conocer más sobre Hylas, busque en la enciclopedia y encontré lo siguente:

Cuenta una leyenda que hace ya muchos años vivió en Grecia un hombre atrevido al que le gustaba la aventura.  Entre los muchos viajes que realizo, dicen que cruzó todo el mar Egeo, atravesando numerosas islas griegas.  Partió de Atenas, pasó las Islas Cicladas, llegó a Creta, subió por Roda, se detuvo en Samos y cuentan que, cuando llegó a Quios, esto es lo que sucedió:

Cuando Hylas, que así se llamaba el aventurero, atracó en Quis, se alejo de sus compañeros; adentrándose en el bosque en busca de agua potable.  No hizo el viaje en vano, pues pronto se encontró un manantial de agua fresca donde unas jóvenes jugueteaban y cantaban.  Hylas no era precisamente feo y los años de viaje lo habían convertdo en un hombre fuerte, por lo que no es de extrañar que una de ellas se quedara mirándolo con sus hermosísimos ojos verdes.  Su mirada era tan profunda, tan intensa, tan dulce, que Hylas era incapaz de desviar sus ojos de ella.  Poco a poco empezó a perder su voluntad, no sabía qué le pasaba, sólo que esos ojos le atraían hacia la joven sin poderse controlar.  Ya sin voluntad, se acercó al manantial y se metió en el agua.  De pronto unos brazos le aprisionaron alrededor de su cuerpo y sintió unas manos frías que no le permitían moverse.  No podía hablar, no pudo pedir ayuda.  Lo últmo que supieron sus compañeros es que había sido arrastrado hasta las profundidades del manantial, de donde nunca pudieron sacarlo.



miércoles, 14 de septiembre de 2011

LAS HORTENSIAS



Las hortensias son un recuerdo muy grato de mi infancia.  Mi padre viajaba con frecuencia a la ciudad de Bonao, conocida también como Villa de las Hortensias, en la Republica Dominicana, donde abundan las hortensias azules.  El a su regreso siempre me traía una cesta de estas bellas flores.  Hasta entonces, solo conocía las hortensias azules, pero, cuando visité el Castillo de Chapultepec en Méjico, me quedé maravillada de los jardines sembrados de hortensias multicolor. Las hay azules, rosadas, rojas, moradas, blancas, y verdiamarillas. ¡Un Sueño!

A pesar de su inigualable belleza, esta flor, no goza como otras flores de una leyenda esplendida que la inspire. Hasta se rumora que estas flores no deben de sembrarse donde hay mujeres en edad de casarse pues su energía es negativa y auyenta a los enamorados. Las casadas, no se quedan atrás, también corren el riesgo de discutir con sus maridos si tienen esta flor en casa.

La leyenda de esta flor relata que El rey Luís XIV de Francia mandó a una expedición que buscara nuevas plantas para su jardín. Cuentan que en el barco que zarpó hacía Brasil había un grumete débil y más frágil que los demás del que se burlaban. Cuando el barco llegó a las costas de Brasil los nativos secuestraron a este grumete llamado Banet.

Cuando consiguieron liberarlo se dieron cuenta de que el grumete era en realidad una mujer, que había camuflado su identidad para poder ver el mundo. Al volver a Francia, el rey le concedió el honor de nombrar a una de las flores encontradas con su nombre: Hortensia.

A pesar de las energias negativas que supone emanan de estas flores a mi me encantan.  El solo hecho de verlas me inspira transmutando así cualquier energia negativa que pudieran tener.

lunes, 5 de septiembre de 2011

PULPO A LA GALLEGA

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Una tarde de marzo, la mujer del pulpo,engalanada y feliz, se sentó afuera sobre una roca espléndida del fondo marino e ignorando sus maliciosos depredadores habituales se dedicó a atrapar anémonas y orandas, succionándolas en las ventosas de sus tentáculos y devorándolas con particular agrado.

Poco antes, el Señor Pulpo había salido a dar un paseo por las inmediaciones.  Le dijo a su mujer que, de paso, iría a hacer algunas apuestas en el casino oceánico y que regresaría antes que las sombras.  Pero ella sabía que lo que él en realidad deseaba era exhibir, muy orondo, aquel traje viscoso y gris que estrenaban los pulpos al llegar la primavera.

Para ir al casino era preciso descender hasta unos pasadizos vigilados por las orcas asesinas y por tiburones voraces. No tenia miedo. Ella sabía que no era difícil para su marido, ni para sus amigas, las rayas, escabullirse entre las rocas o la arena, pasar desapercibido y luego disfrutar unas horas jugando perlas, que es lo que generalmente los pulpos apostaban en las ruletas de aquel casino.

Eso pensaba ella tranquilamente mientras gozaba de unas ovas de sábado.  Sin embargo, cuando la pulpa entró de nuevo a la casa notó con horror que su marido había olvidado sobre la mesa el atado con las perlas. ¿Qúe haría? Solo había dos alternativas.  O esperaba en casa a que su adorado marido regrasara, derrotado, o iría ella misma a lleverle las dichosas perlas.

Una fría corriente atlántica atravesó el salón.  Entonces pensó en una tercera alternativa; La púrpura. Algunas veces la pareja de esposos se había comunicado de esa manera.  Pero con lo de la púrpura habia que tener cuidado y hacer cálculos precisos a fin de aprovechar el vaivén de la marea y la buena dirección de las corrientes.

La púpura era un molusco común en aquello aguas y ella solo tenía que cortarle al áspera valva, succionar y derramar poco a poco en la corriente un hilo hecho con sus tintes, y esa señal bastaba para que nuestro querido cefalópodo se enterara de que había una emergencia y debia regresar a casa cuanto antes.

Pero la señal no funcionó.  Al contrario.  El hilo de púrpura subió en vez de descender a las profundidades del casino oceánico y quienes divisaron la señal fueron unos avispados buzos gallegos que merodeaban en la superficie, solazándose en un bote pesquero y tomando vino de agujas.  "El vino de aguajas va muy bien con los pulpos" dijo el captán "y según veo aquí abajo hay unos cuantos."  Dicho y hecho.  El buzo se zambulló y el cocinero comenzó de inmediato a preparar el agua hirviente, el ajo, el pimentón, el azafrán y el aceite de oliva.  Pesaba ocho kilos.


Fernando Ureña Rib

viernes, 2 de septiembre de 2011

BARRIGA VERDE II (continuación)

Y así hemos de hallar a taita Polanco y a su digna compañera, llorando la ausencia del niño, olvidados del vivir, sobre sus butacas de cuero, llorando a lágrima viva, y con unos gemidos capaces de partir los callaos, como si se les acabase de morir un hijo único.
Así las cosas, ocurrió un incidente que vino a ligarse por extraño modo a este que parece cuento de las Mil y Una Noches, y no es sino historia pura.
Habían ya pasado muchos años.
Vivía en la ciudad un señor respetable que era Escribano y de cuyo nombre nadie se acuerda.  Tenía entre manos un asunto grave que había de resolverse en la Metropoli. El Escribano debía pasar a España forzosamente, debido a esta cirunstancia.
Y meditando en ello, sintió la necesidad que tenía de una persona de su confianza que le acompañara a tan largo viaje.
Fijose naturalmente en el hombre mas honrado de la ciudad, en el viejo y querido Taita Polanco.
Una tarde dijo al digno artesano, tomándole aparte:
-Tengo un grandísimo empeño contigo, mi querido taita Polanco; pero no me has de decir que no.
-Mande su merce, señor Escribano, lo que guste; que en todo lo que pueda ser servido mientras no sea de dinero, porque no lo tengo, le serviré de buena gana.
-Sabrás pues, que debo ir a Espana a asunto urgente, y necesito una persona de confianza y de bien que haga conmigo el viaje.
Taita Polanco dió un brinco de puro asombro.
-¿Señor? "Este pobre negro" ir a España. ¿Habla su señoría de veras?
-Como lo oyes- ¿De que te asombras?, buen Taita Polanco. ¿Te decides o no? Te advierto me harías un gran servicio.
-Pues bien si su senoria se empeña...., dijo cono visible turbación, y encongiéndose de hombres, como resignado temiendo si insistía en sus vacilaciones.
LLegó el día de la partida, que en aquellos tiempos se temía los que viajaban que fuese eterna, pues se hacían testamentos y confesaban y comulgaban antes de embarcarse; y hubo pucheros de parte de la pobre anciana.
Tras de muchos meses de navegacóon, tocó al fin el buque tierra. En aquel bullicioso Madrid en medio del que no se reconocería sin duda al pacífico ciudadano taita Polanco quien vivía tranquilamente en la misma casa que se hospedaba el Escribano; cuando que el día menos pensado, yendo distraídamente por una calle adelante, bien abrigado con una capa verde con la cual había tenido la atención de obsequiar aquél, encontrose con un coche ricamente ataviado y con las armas de una gran casa.
Tal vez el coche iría a atropellar brutalmente a aquel americano, que juzgaría algún esclavo manumitido o escapado, cuando del coche se arroja un personaje joven de distinción y vestido con suma elegancia, quien al verlo, y sin poderse contener, lanzó esta exclamación:
-Papa!-
-Papa! tornó a exclamar el desconocido bajando del carruaje y precipitándose en sus brazos, mi querido papá, ¿que ya no me conoce su merce?  ¡¡Yo soy Barriga Verde!!
El pobre taita Polanco creía que soñaba y no podía darse cuenta de lo que estaba viendo y oyendo.
Separa a poco a su extraño hijo. y con profunda emoción reconoció a su protegido, el muchacho abandonado y enfermo en las calles de Santo Domingo, a Barriga Verde.
Correspondió pues en sus abrazos y cariño que éste le prodigaba, pero no se atrevió a aceptar la honra, de compañarle en el carruaje, por considerarle un gran personaje.
Por fin, lo persuaden, le empujan y dan con él sobre los cojines del lujoso carruaje.
El coche arrancó y taita Polanco se quedó lelo.
Abrumaba al buen viejo a preguntas acerca de ma fulana ( la mujer de este) y de los demás miembros de la familia, así como de Santo Domingo y de cuanto constituía los recuerdos dichosos de su infancia allí transcurrida.
Con las manos de taita Polanco gruesas y calludas entre las suyas finas y aristocráticas, le decía:
-¡Que inesperado suceso! verdad, papa? Cuándo iba ni yo ni nadie figurarme que debia tener hoy tan feliz encuentro. ¿Y como ha venido su merce a la corte? vaya, cuéntemelo.
El viejo taita Polanco, que no volvía de su asombro, se restregó los ojos como quien despierta de un sueñoy le contó.
-Sabra vuestra Excelencia que.....-
El generoso joven abrazó nuevamente a su bienhechor.
-No mi querido papá, entiéndame su mercé que para su mercé no soy vuestra Excelencia, ni nada, sino el mismo Barriga Verde de otro tiempo, el niño abandonado y recogido por su mercé. No vuelva su mercé a hablarme en esos términos....si no quiere que me enoje. A su mercé la vida le debo, y va su mercé a de ver como sabré agradecerselo mi familia y la nobleza de España.
Y en esto y otros interesantes coloquios se recorrió el trayecto.
Llegados al palacio que ocupaba el agradecido  joven y su familia dió el brazo cariñosamente a su bienhechor, y entraron así en el palacio, con estupefacción de cuantos presenciaban tan singular escena.
En efecto, el pobre muchacho abandonado de las calles de Santo Domingo, era nada más y nada menos que el heredero de una de las casas más encopetadas de España de primera clase y tal vez muy allegada a la Real Familia.  Era, además según dicen, casado y jefe de una familia encumbradísima.
Presentole luego con orgullo a su esposa y amigos y paso a ser el humilde taita Polanco desde aquel momento el señor de la casa y el ídolo de la familia, a pesar de su color y de su modestia.
Informado el Soberano de su noble proceder se dispuso una recepción o audiencia para presentar al favorecido y concederle el titulo de Capitán de las milicias de Santo Domingo y a sus descendientes oficiales del ejército desde su nacimiento. A taita Polanco se le consedió un pedido personal, y éste solicitó tener el privilegio de asistir con espada cenida a comulgar el Jueves Santo en compañia del Gobernador de Santo Domingo así como que se le concediera a la "Hermandad de San Juan"  en Santo Domingo, el derecho a usar el pendón de la Cruz Blanca de Malta. Sus peticiones les fueron concedidas.
El tiempo que allí paso, tres meses, según versiones fueron de fiestas y expansiva alegría. Demás está decir que la despedida eterna, como tenía que resultar, fue tiernísima y dolorosa, no acentuando el joven noble a desprenderse de los brazos del viejo.
Lloraban los dos abrazados y confundidos en uno.
!Y que pruebas las de la generosidad del caballero!
Trajes magníficos, uniforme muy rico, para el nuevo Capitán, y vestidos y alhajas de gran valor para la esposa, asié como otros regalos primorosos para los demás miembros de la familia. Y de recuerdos para todos, un mundo.
El caso es que la tradición afirma que el flamante Don. N Polanco, antes taita Polanco, Capitán de los Ejercitos de S.M. el Rey de España, Caballero Gran Cruz y ennoblecido hasta los huesos, desembarcó ostentando un magnificó uniforme y en el pecho noblísima placa.
Pero lo raro es que gran señor y todo continuó el honrado taita Polanco viviendo donde le hemos conocido, con un mismo oficio y en el mismo estado.                                                   Dic. 1888


Cosas Anejas
Adaptacion
Barriga Verde
Cesar Nicolas Penson