miércoles, 30 de enero de 2013

DUERMETE NIñO, DUERMETE YA......


Me incorporé de la cama abruptamente. El sonido ininterrumpido y la barra de luz infrarroja en la pantalla indicaba que algo andaba mal. ¿Sería las baterías? Me acerqué al monitor, pero una sombra intermitente me impedía ver a Tirso quien había de estar dormido en su habitación. ¡Qué raro! El transmisor y la cámara estaban cerca de la cuna, y el receptor y la pantalla en mi habitación, lo que se supone me permitía escuchar y monitorear al niño. ¿Qué estaría pasando?  Corrí hacia la habitación, y encontré a Tirso dormidito en la cuna,  pero del lado opuesto a lo acostumbrado. Miré hacía la izquierda y la mecedora se hamacaba, como si alguien recién se hubiera levantado de ella.

miércoles, 23 de enero de 2013

INDECISION


Recorrí la casa: cuatro dormitorios, sala de estar, comedor, cocina, terraza, jardín y una amplia piscina; la casa ideal.  Sin embargo, de nuevo me embargó la tristeza. "¡Qué indecisión! para que tanto espacio si solo éramos mi gato, Poncio, y yo?" Saqué el celular y tome fotografías para recrear mi mente distribuyendo los muebles que quizá pondría en algunas de las áreas.  Cuando vi las fotografías  lejos de asombrarme, sentí un gran alivio, ya no estaría solo, las figuras blanquecinas de unos niños sin rostro jugueteaban dentro de la piscina.

miércoles, 16 de enero de 2013

YA HA LLEGADO



¡Ah, el timbre! ¡Ya ha llegado! ¡Es ella! ¡Matilda! ¡Qué guapa estás! Yo diría que ese vestido rojo te sienta maravillosamente. ¿Te has hecho algo en el pelo? Sí, estás guapísima, como siempre. Me gusta ese perfume nuevo. ¿No traes maleta? Bueno, no importa. Siéntate, siéntate… ¿Quieres un té? Ah, claro, con leche. Y dos terrones de azúcar, ya lo sé… Es maravilloso tenerte de nuevo en casa, Matilda. No sé qué haría sin ti. Esta semana que has estado fuera me he sentido perdido y triste, y apenas he comido nada. Créeme: cuando te llamo “mi vida”, no exagero ni una pizca. ¿Quieres darte un baño? Ah, buena idea. Ahora te llevo toallas limpias. Hay sales perfumadas en la estantería, Matilda. ¿Las ves? Aquí te dejo las toallas… No te quedes dormida en la bañera, que te conozco. Mientras, voy a preparar algo de cena… Oh, vaya, el teléfono. ¿Sí? Dígame. [...] Oh, debe de haberse equivocado, señor. Debe de tratarse de una lamentable confusión. Con toda seguridad no se trata de mi esposa, señor, porque en estos momentos está aquí en casa, dándose un baño… Es un error, señor. Buenas noches. Matilda, acaban de llamar del tanatorio… ¡Qué confusión tan desagradable…! Decían que estabas… ¿Puedo entrar, Matilda? Matilda. Matilda. ¿Estás ahí, Matilda…?

Por Willmouse

miércoles, 9 de enero de 2013

LA QUEMA DE JUDAS




Confundido entre la multitud, saboreando su proeza, Mateo contempla el muñeco mientras un niño del barrio exclama "una monedita pa'l Juda". Todos en el barrio contribuyeron con ropa y papel diario para su construcción, él con la cabeza.  Para el pueblo era la quema de Judas Iscariote para Mateo un ajuste de cuentas.